La langosta, uno de los crustáceos más admirados de nuestra gastronomía, no solo es sinónimo de opulencia cuando se sirve, sino también de un desafío a la hora de disfrutarla. Este crustáceo decápodo, pariente del bogavante, pero sin sus grandes pinzas, se caracteriza por su cuerpo alargado, que rara vez supera los 35 centímetros, y su cabeza espinosa, equipada con antenas que actúan como herramientas de defensa y exploración. Su abdomen o cola, de tonos violáceos o marrones con manchas amarillas, es la parte más codiciada y deliciosa.
Habita en fondos rocosos o de coral a profundidades que oscilan entre los 40 y 100 metros, desplazándose a aguas más profundas en meses fríos. Geográficamente, es común encontrarla en las costas británicas, africanas y cubanas. La langosta es un animal nocturno y voraz que prefiere moluscos y crustáceos, aunque también consume algas, restos orgánicos y, ocasionalmente, carroña. Su reproducción, influenciada por la región, se ve afectada por problemas como la sobrepesca y la captura ilegal, lo que dificulta la recuperación de la población, por lo que se recomienda su consumo solo cuando es permitida su captura.
Valor nutricional de la langosta
La langosta, en una porción de 100 gramos, es una fuente rica en nutrientes. Contiene 97 kcal, siendo baja en calorías y grasas, con 1 g de lípidos, que incluyen ácidos grasos poliinsaturados beneficiosos. Su principal macronutriente es la proteína, con 21 g, ideal para el mantenimiento muscular y la reparación celular. No tiene carbohidratos, fibra ni azúcares.
Entre los micronutrientes (vitaminas y minerales) destaca el aporte de selenio (80,5 µg) con propiedades antioxidantes, el zinc (4,5 mg) y el cobre (1,7 mg), que favorecen el sistema inmunológico y la formación de hemoglobina. Además, aporta fósforo (204 mg) y potasio (253 mg), esenciales para el metabolismo energético y la función muscular, respectivamente. Aunque contiene 535 mg de sodio y 161 mg de colesterol, su perfil nutricional general lo convierte en un alimento saludable cuando se consume con moderación.
Beneficios para la salud de la langosta
Desde el punto de vista de la salud, los beneficios del consumo de langosta son:
Mejor función muscular y nerviosa: Gracias a su contenido de potasio y vitamina B12.
Regulación de la presión arterial: Favorecida por el aporte de potasio.
Protección contra el estrés oxidativo: Debido a la presencia de antioxidantes como la vitamina E.
Fortalecimiento del sistema inmunológico: Contribuido por el zinc y selenio.
El consumo de langosta puede desencadenar alergias en personas sensibles a las proteínas presentes en los mariscos. Estas reacciones alérgicas pueden variar desde síntomas leves, como urticaria y picazón, hasta reacciones graves como dificultad para respirar o anafilaxia, que requiere atención médica inmediata. Es importante que quienes tienen antecedentes de alergias alimentarias consulten a un especialista antes de consumir langosta.
Preparaciones con langosta
En España, la langosta es un ingrediente estrella en diversas preparaciones tradicionales y sofisticadas. Algunas de las más destacadas incluyen:
Caldereta de langosta: Un guiso típico de Menorca, preparado con langosta, tomate, cebolla, ajo, perejil y un toque de hinojo, cocido lentamente en un caldo de pescado.
Arroz con langosta: Un plato emblemático en muchas regiones costeras, donde la langosta se combina con arroz, azafrán y otros mariscos para crear un arroz meloso o seco.
Langosta a la plancha: Una preparación sencilla, pero deliciosa, donde la langosta se cocina con un poco de aceite de oliva y sal, resaltando su sabor natural.
Langosta al horno: Se hornea con mantequilla, ajo y hierbas aromáticas, logrando una textura jugosa y un sabor exquisito.
Ensaladas de langosta: Mezclada con ingredientes frescos como aguacate, tomate y lechuga, acompañada de una vinagreta o salsa rosa.
Saber más
La contaminación de los mariscos por metales pesados es un problema de salud en aumento debido a la industrialización y urbanización. La langosta se encuentra entre los crustáceos, que, por su estilo de vida en fondos marinos y sedimentos, son especialmente vulnerables a esta contaminación y tienden a acumular más metales pesados que otros animales acuáticos. Esto puede representar riesgos para la salud humana en ciertas regiones del mundo donde se consumen mariscos. Los metales pesados pueden causar daños como disfunción metabólica, daño al ADN, problemas respiratorios y alteraciones en la movilidad y cantidad de esperma en los crustáceos. Para combatir este problema, se recomienda tratar correctamente las aguas residuales industriales y emplear materiales absorbentes económicos en la acuicultura.
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Original de Dª. Mª Pilar Herrero Jiménez, Diplomada en Nutrición Humana y Dietética. Máster en Alimentación en el Adolescente y el Niño
Actualizado y revisado por Dra. Jennifer Bernal-Rivas. Nutricionista-Dietista, Máster en Nutrición Humana y Doctora en Ciencias. Fundación Iberoamericana de Nutrición-FINUT. Marzo, 2025.
Referencias
USDA. Lobster. https://fdc.nal.usda.gov/food-details/2706349/nutrients Consultado 21 marzo 2025.
Waqas, W., Yuan, Y., Ali, S., Zhang, M., Shafiq, M., Ali, W., … & Ma, H. (2024). Toxic effects of heavy metals on crustaceans and associated health risks in humans: a review. Environmental Chemistry Letters, 22(3), 1391-1411.
Pagina web PULEVA. Langosta.