La lactancia materna es esencial para la supervivencia y la salud de los niños. La leche materna es un alimento seguro, natural, nutritivo y sostenible para los bebés. La leche materna contiene anticuerpos que ayudan a proteger contra muchas enfermedades infantiles comunes, como la diarrea y las enfermedades respiratorias. Según la Organización Mundial de la Salud (2023), se estima que la lactancia materna inadecuada es responsable del 16% de las muertes infantiles en el mundo cada año. Los niños amamantados obtienen mejores resultados en las pruebas de inteligencia y tienen menos probabilidades de padecer sobrepeso u obesidad más adelante. Las mujeres que amamantan también tienen un menor riesgo de cáncer y diabetes tipo II. Además, en un mundo en crisis climática, la lactancia materna beneficia a la sociedad y al medio ambiente, reduciendo los costos en salud y es una opción sostenible sin impacto ambiental.
El estudio español LayDi demuestra que aunque 1 de cada 10 mujeres inicia la lactancia, esta práctica desciende vertiginosamente desde los primeros 15 días después del parto. Este estudio reportó que:
El 90,7% de las mujeres decidió iniciar lactancia materna al nacimiento.
La lactancia materna exclusiva fue 66,4% a los 15 días.
A los 6 meses disminuyó a 35,2%.
A los 6 meses la lactancia materna total fue 61,7%.
Los nutrientes de la leche materna aún continúan estudiándose, debido a su complejidad. Se sabe que poseen numerosas sustancias esenciales para la salud, crecimiento y desarrollo óptimo del bebé, tales como:
Proteínas que se ajustan al ritmo del crecimiento del niño, los ácidos grasos poliinsaturados como el docosahexanoico (DHA) que han sido vinculados con mejoras en el desarrollo cognitivo del niño, favoreciendo el aprendizaje y la memoria a largo plazo. Además, estudios recientes destacan su papel en la reducción de alergias, obesidad y enfermedades metabólicas en etapas posteriores de la vida.
Oligosacaridos, considerados componentes bioactivos, que ayudan al desarrollo de una microbiota intestinal saludable, fortalecen el sistema inmunológico del bebé y reducen los riesgos de enfermedades crónicas.
Moléculas inmunoactivas como la inmunoglobulina A secretora, lactoferrina, células inmunitarias, oligosacáridos y lisozima, además de un microbioma diverso. Estos componentes juegan un papel crucial en la protección del bebé contra infecciones y en la modulación de su sistema inmunitario. La inmunidad pasiva que la madre proporciona ayuda a combatir patógenos mientras el bebé desarrolla su propia respuesta inmune activa.
La Declaración de Innocenti
La OMS y UNICEF han destacado sus beneficios de este alimento no solo desde perspectivas nutricionales y de salud, sino también por su impacto social y económico. Este consenso quedó establecido oficialmente en la «Declaración de Innocenti» hace 35 años, en la década de los noventa, que marcó un punto de inflexión en la promoción de la lactancia materna como prioridad global.
Sobre las recomendaciones de la «Declaración de Innocenti» y las evidencias actuales destaca que:
Como objetivo global para la salud y nutrición óptimas de madres e hijos, todas las mujeres deben tener la posibilidad de amamantar exclusivamente a sus bebés, quienes deberían ser alimentados de esta manera durante los primeros seis meses, continuando con alimentos complementarios hasta los dos años o más.
Es fundamental crear un entorno de apoyo que promueva políticas que protejan la lactancia, lo cual es esencial para superar las barreras sociales, culturales y laborales que enfrentan las madres.
Es necesario fortalecer la «cultura de la lactancia» en muchos países y protegerla de la «cultura del biberón». Esto implica combatir esta última a través de campañas educativas que refuercen la confianza de las madres en su capacidad para amamantar y generen conciencia sobre los riesgos de las alternativas artificiales. También se debe fomentar la movilización social y aprovechar la influencia de líderes reconocidos en diversos sectores de la sociedad.
Se debe aumentar la confianza de las mujeres en su capacidad para amamantar. Esto implica eliminar las limitaciones y las influencias que afectan las percepciones y comportamientos relacionados con la lactancia, a menudo de manera sutil. Se requiere sensibilidad, vigilancia continua y una estrategia de comunicación amplia que llegue a todos los niveles de la sociedad.
Es fundamental eliminar los obstáculos al amamantamiento presentes en el sistema de salud, en el lugar de trabajo y en la comunidad.
Se deben implementar medidas para garantizar que las mujeres tengan acceso a una alimentación adecuada que les permita mantener una salud óptima para ellas y sus familias.
Todas las mujeres deben tener acceso a información y servicios de planificación familiar que les ayuden a sostener la lactancia y a evitar intervalos cortos entre nacimientos, que pueden comprometer su salud y la de sus hijos.
Los gobiernos deben desarrollar políticas nacionales de apoyo a la lactancia y establecer metas adecuadas para la década de 1990. Además, deben crear un sistema nacional para evaluar el cumplimiento de estos objetivos, utilizando indicadores como la proporción de bebés amamantados exclusivamente al ser dados de alta de maternidades y a los cuatro meses. También se les insta a integrar estas políticas con las estrategias generales de salud y desarrollo, reforzando todas las medidas que protejan y promuevan la lactancia materna a través de programas complementarios, como atención prenatal, nutrición y prevención de enfermedades comunes.
Todo el personal de salud debe ser capacitado adecuadamente para implementar estas políticas de lactancia materna.
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Impacto de la lactancia materna en la salud mental del bebé y la madre
La lactancia materna no solo beneficia el desarrollo físico del bebé, sino también su salud mental y emocional. El contacto piel con piel durante la lactancia estimula la liberación de oxitocina, conocida como la «hormona del amor», lo que refuerza el vínculo afectivo entre madre e hijo. Este vínculo ha sido asociado con un mejor desarrollo emocional en la infancia, reduciendo el riesgo de trastornos de ansiedad y depresión en etapas posteriores de la vida.
Asimismo, para las madres, amamantar puede disminuir el riesgo de depresión postparto. Un metaanálisis reciente encontró que las mujeres que amamantan tienen menores probabilidades de experimentar síntomas depresivos en comparación con aquellas que no lo hacen, probablemente debido a la regulación hormonal inducida por la lactancia. La oxitocina también juega un papel crucial al reducir los niveles de estrés y promover una sensación de calma y bienestar en la madre.
Por otro lado, investigaciones actuales están explorando el papel de la lactancia materna en la resiliencia frente al estrés en los bebés. Se ha demostrado que los niños amamantados tienden a tener una respuesta más controlada al estrés en comparación con aquellos alimentados con fórmula, lo que podría deberse a los efectos neuroprotectores de los componentes bioactivos de la leche materna.
Estos hallazgos refuerzan la idea de que la lactancia no es solo un acto de nutrición, sino también una herramienta poderosa para fortalecer la relación madre-hijo y fomentar la salud mental desde los primeros días de vida.
Original de Puleva Salud
Revisado por María Gabriela Sagastume Rodríguez, Estudiante de Nutrición Clínica, Universidad Mariano Gálvez de Guatemala y Dra. Jennifer Bernal-Rivas, Investigadora colaboradora de la Fundación Iberoamericana de Nutrición. Enero, 2025.
Referencias
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